jueves, 29 de agosto de 2013

BURNESHA

He leído un artículo que explica que en Albania existen mujeres que se convierten en burnesha. Me ha llamado mucho la atención. Son mujeres que eligen ser vírgenes, no casarse, no tener hijos, cortarse el cabello, y de este modo pueden vivir y actuar como los hombres (excepto por lo del sexo, el matrimonio y la paternidad) porque en su país, una mujer es propiedad de su marido.
Actualmente parece que viven una treintena de burnesha en la zona norte de Albania.
La fotógrafa JILL PETERS es quien se ha encargado de sacar a la luz a estas no-mujeres.






Desde luego, da qué pensar.
En qué manera tan diferente se vive el ser mujer, dependiendo del país donde naces.
Cómo de enormes son, las limitaciones que una cultura puede inflingir a una mujer.
La pauta tan consistente de los hombres a lo largo de los tiempos de condenar a la mujer a un papel secundario, a cosificarla (hacerla equivalente a un objeto o cosa, que se posee, que es de su propiedad) y por tanto, a negarle sus derechos, su inteligencia, su libertad.
Qué afortunada me siento de haber nacido en Barcelona, en el seno de una familia sensata, espiritual, moderna, con valores como la libertad y la honestidad.
Es por eso que me cuesta tanto comprender, me cuesta que me quepa en la cabeza que miles, millones de mujeres como yo viven una realidad tan diferente, tan carcelaria.
Que tantas mujeres viven sometidas al miedo, al marido, a los picatostes de su comunidad y su vida no se parece en nada a la que vivirían si fueran libres, si pudieran sentir lo que sienten y actuar en función de ellas mismas, de sus talentos, de su fortaleza, me parece tan imposible en el siglo XXI.
Sin embargo, es la más pura realidad de tantas mujeres.
¿Qué y cómo sería el mundo si las mujeres pudieran vivir en él como tales? Como mujeres y no como cosas o propiedades. Como personas, con derechos y compromisos, con libertad, con honor.
¿Qué le pasaría a las generaciones futuras, si niños y niñas fueran educados con ideas de igualdad, de libertad, de compromiso, de honorabilidad?
¿Por qué esto no es así todavía?
¿Por qué las mujeres siguen creyendo que su vida es así, porque así debe ser? ¿Quién dice, que así debe ser?
Porque la esclavitud parte de creencias cómo estas: eres una cosa, sin dignidad, a mi merced, ha sido así siempre y así seguirá siendo, no hay escapatoria, tú has nacido para esto.
Claro, si eso es lo que se les dice a los esclavos (los de la actualidad ya no son sólo negros y llevan cadenas: son de todos los colores y los eslabones están hechos de miedo, golpes, amenazas, violencia), y sabiendo cómo funciona la mente (que un pensamiento te lleva a un sentimiento, éste a una acción, y ésta a un resultado) es lógico que los esclavos piensen que son esclavos, se sientan esclavos, actúen como esclavos y vivan como esclavos toda su vida.
En una cadena de producción en un país asiático, en un burdel, en una oficina, en una granja, en un zulo con niños secuestrados, en cualquier lugar hay amos que tienen esclavos.
¿Por qué, a otras personas se le dice lo contrario? tú tienes todos los derechos, puedes hacer lo que quieras, el bien y el mal, matar y torturar, nadie te va a pedir cuentas, el mundo es tuyo, tú has nacido para esto.
Porque así se perpetúa la esclavitud. Ésta no puede existir si no hay un esclavo para un amo, un amo para un esclavo. De manera que los padres de los esclavos les transmiten una cara de la moneda; los padres de los amos les transmiten la otra cara de la moneda.
Como todos los niños creen lo que les dicen los mayores, graban en su memoria lo que ven y lo que oyen y esto se convierte en el modelo que irán siguiendo a lo largo de su vida, se puede perpetuar la esclavitud, se puede continuar en el tiempo una visión antropomórfica de la creación: el Hombre (la mujer no) es el rey (dueño) de todo lo creado.
De manera que está muy difícil un cambio de paradigma, porque las creencias son la estructura de nuestros actos.
Pero, existe una salida. Que cualquier persona (hombre o mujer) sea fiel a su sensibilidad, que si una acción le repugna, se pregunte por qué y para qué. Que aprenda a ser fiel a si misma y no se someta a las ideas de otro. Que busque apoyo en otras personas que piensen y sientan lo mismo. Que se rebelen, de a poco o a lo bestia, pero que sientan que pueden reclamar el derecho a la libertad y al honor. Que a pesar del miedo, defiendan su propia vida y cómo vivirla.
Y la educación. Es la clave social: que se eduque para vivir comprometido, no sometido a la autoridad. Que se eduque para saber cuáles son las consecuencias de mis actos para que pueda elegir mejor, lo que de verdad quiero. Que se eduque sabiendo que el Hombre es sólo un animal más de la creación, huésped del planeta como todos los demás, que nada le pertenece y que es responsable de cómo usa los dones que la Tierra le ofrece.
Qué lástima tan grande, porque para que esto pase -si es que llega a pasar algún día- faltan muchas generaciones, y lo peor: que nos cargaremos al planeta, a los animales, a los hombres y a las mujeres mucho antes de conseguirlo.
Pero, por si acaso fuera posible en un tiempo mucho menor, comencemos a creer que es posible una Humanidad mejorada, sensible al dolor, a la libertad, al honor, de todos los que estamos vivos. Creamos que si ponemos nuestro grano de arena, esto va a ocurrir y nuestros ojos podrán verlo y gozarlo.
Seamos nosotros, los que hoy, nos comprometamos. Por nosotros, por nuestros hijos, por el derecho de toda vida a existir con dignidad, con libertad, con honor.
¿Por qué tantas veces he escrito libertad y honor? Porque para mí son dos de los valores más importantes que caracterizan a una persona humana: respetar la libertad (la mía y la de los otros) y ser fiel a mí antes que ningún otro.
¿Qué puedes hacer tú, en tu mundo, para que las mujeres no sean una cosa, para que el planeta subsista a pesar de nosotros, para que todo ser vivo viva dignamente?
Pues lo que sea que puedas hacer, hazlo. Los demás, te necesitamos.

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