lunes, 2 de septiembre de 2013

¿PASIÓN Y VULNERABILIDAD?


Elefantes poniendo pasión, todo su ser, en sacudir arena. Gigantes provocando oleadas rojas. Se están divirtiendo. Viven en su presente. Son.

Ya lo hemos escuchado muchas veces, y es más, lo sabemos en el fondo de nuestro corazón, que sin pasión, esa energía creadora que nos arrebata, ese impulso, esa constancia, esa curiosidad que no se sacia, todo lo que hacemos nos aburre, nos cansa. 
Ama lo que haces, dicen, o Haz lo que amas.
Sin embargo, nadie nos ha explicado que la pasión también nos destruye si no somos conscientes de nuestra vulnerabilidad.
Quizás es por eso, por ese temor a ser fagocitados por nuestra propia emoción, eso que intuimos pero que no es lo bastante consciente, sea una de las razones por las que nos convertimos en desapasionados y tenemos que sufrir las consecuencias de serlo: alejarnos de nuestro verdadero ser, tristeza ocultada pero que impregna nuestras células, desamor, fracaso, ruptura interna, hastío, decepción...
Cuando somos pequeños nos inundan con cientos de frases hijas del miedo y de la negación, pensamientos que se van engranando en un sistema de pensamiento que más tarde y sin saberlo, será el que guiará nuestras percepciones y nuestras decisiones.
Somos vulnerables, claro que sí. Pero vulnerable no es igual a débil. Vulnerable significa susceptible de recibir daño, o físico o emocional. Nos rasgamos un dedo con una hoja de papel, nos caemos y nos rompemos una pierna, alguien quiere separarse de nosotros, nos deja. Se muere una persona amada, perdemos la salud, perdemos la casa, nos hacemos viejos...
Sí, es así. Pero no es malo, es nuestra naturaleza. Lo que tampoco nos han explicado es que precisamente, nuestra naturaleza al ser emocional, está preparada para todos estos avatares. Es como el jaguar, está en su naturaleza ser extraordinariamente veloz. O como el delfín, nadar pero respirar aire (porque es un mamífero, no un pez). O como el jilguero, cantar sin parar. Están preparados para correr, para nadar, para cantar y saben instintivamente qué hacer ante los problemas que se les presentan en su cualidad natural.
Somos seres emocionales. ¿Qué quiere decir esto? Pues que Pensamiento y Emoción se dan casi juntos, pero quien prevalece tanto en la percepción como en la decisión, es la emoción.
Los vendedores lo saben y por eso dicen Nunca se vende, siempre se compra, refiriéndose a que por bueno que sea el producto o servicio, sólo si el comprador vibra emocionalmente con él, va a adquirirlo (si tiene el dinero que cuesta).
De este modo, somos vulnerables (somos susceptibles de ser impactados) por las emociones que suscita la vida que vivimos. Pero asimismo, somos capaces de manejar este impacto e impedir que nos haga daño. Nuestra vulnerabilidad en realidad es un don precioso, ya que nos permite sentir muchos matices de sentimientos, de emociones, de la belleza, de la vida que nos envuelve. La frialdad emocional, o la negación de esta capacidad de ser impactados por las emociones, conduce a la insensibilidad, al empalidecimiento de los valores humanos, al egoísmo exacerbado, a la crueldad.
No es más fuerte el que no se conmueve o compadece, sino aquel que a pesar de conmoverse y compadecerse, es capaz de pensar con claridad y actuar para el mayor bien. Es como aquella frase que dice No es más valiente el que no se cae, sino aquel que cayéndose, es capaz de levantarse.
Podemos recuperar nuestra capacidad de guiar y conducir las emociones, no digo que vaya a ser fácil pero sí que desde luego valdrá la pena.
Reconocer a las emociones es el primer paso.
Aceptar que todas, absolutamente todas nuestras emociones son válidas y valiosas (sí, incluso el odio y el rencor) por el mero hecho de sentirlas, por que nos indica que algo o alguien nos ha provocado esa sensación emocional. Este es el segundo paso y que implica abandonar las ideas de la infancia que nos instaban a negar ciertas emociones porque eran malas.
Y cambiar el esquema preconcebido, es el tercero de los pasos. Este cambio es dejarnos guiar por las emociones, dejar que sean ellas las que nos señalen qué nos está impactando, afectando, para ser entonces nosotros quien decidamos que hacemos con esa emoción que nos altera: vivirla en ese momento, desarrolarla (llorar, gritar, correr, golpear -a algo no a alguien-), o dejarlo para después en un momento mejor, más apropiado (esto es la serenidad), analizarla al sentirla y ver que nos muestra de nosotros mismos, y algunas otras opciones.
Nuestra mente está preparada para hacer esto. Responde siempre a las preguntas que le formulamos. Es capaz de poner en stand by cualquier cosa (emoción, recuerdo, acción), acepta nuestras decisiones si las formulamos de la manera como la mente las entiende.
Podemos ser vulnerables y fuertes al mismo tiempo.
Podemos conmovernos y ser capaces de pensar con claridad.
Podemos estar muy tristes por algo, pero felices por otras cosas.
Sí, emociones opuestas pueden convivir juntas sin fastidiarse la una a la otra.
Es sano sentir emociones diferentes o contrarias. Porque es lo que sentimos, y todo lo que sentimos está bien. Lo que no significa que si odiamos al vecino del quinto, subamos y le acuchillemos. No. Podemos imaginar como lo acuchillamos pero, dado que estamos cuerdos, jamás se nos ocurrirá hacerlo en la realidad, fuera de nuestra mente. Podemos experimentar el odio, aprender sobre nosotros a través de este odio, podemos diluir el odio cuando ya nos deja de afectar, hasta dejarlo en nada.
Esto podemos hacerlo con cualquiera de los sentimientos que tengamos.
Como siempre, hace falta:
  • Ganas (de verdad, deseo imparable de alcanzarlo)
  • Calma (que hasta que llega, estamos en paz, vivimos cada uno de nuestros días sin echarlo en falta)
  • Conocimiento ( cómo se hace en la mente, de qué manera, con qué herramientas)
  • Práctica (entrenar es esencial para dominar una nueva habilidad)
Así que, escucha:
Eres vulnerable y fuerte. A la vez. Tus emociones te guían y tú decides lo que haces. Puedes aprender cómo gestionar todo esto. Puedes ser mucho más feliz de lo que te han dicho que es la felicidad. Depende de ti.
Si quieres saber más, ya sabes, contacta conmigo.
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