viernes, 5 de julio de 2013

PRACTICA A.P.I. Y MEJORA TU VIDA


Te preguntarás ¿qué es practicar A.P.I.? ¿Cómo hacerlo, puede mejorar mi vida?
Lo primero es definir estas siglas:
         “A” de amar
“P” de permitir
“I” de imaginar
Una de las lecciones más costosas con las que nos enfrentamos, es la de aprender a amarnos a nosotros mismos, profundamente. Aceptándonos exactamente como somos, sin juicio, sin crítica, sin rencor. Aceptar no es apechugar con mis defectos, sino que yo decido voluntariamente que dejan de tener influencia sobre mí, que siguen sin gustarme, pero que ya no me molestan ni me hieren, ya no me avergüenzan ni son un freno para desarrollar todo lo que yo soy.
Aprender a amarse, es pues lo más importante, lo más valioso y sin lo cual mi desarrollo como persona queda mermado, inacabado. También es uno de los aprendizajes que más esfuerzo nos exigen, porque la educación que hemos recibido (al menos en el mundo occidental), precisamente, apunta a lo contrario: anteponer personas o causas al propio amor, que es tachado de egoísmo, es estigmatizado.
Al niño, que enfadado reclama el juguete que otro niño le quitó, se le insta a no enojarse, a dejar que otro se apropie de lo suyo porque hay que compartir, no hay que ser egoísta, sin comprender que de esta manera al que permitimos ser egoísta es al otro.
Docenas, centenas, miles de veces escuchamos cuando niños que seguir nuestros impulsos y deseos, nuestra intuición, es un error. Como deseamos la aprobación de nuestros mayores renunciamos a nosotros mismos, rechazamos esa inteligencia intuitiva e inconsciente, nos decimos que no hemos de hacer caso y, practicamos. Practicamos hasta que nos volvemos sordos a nuestras necesidades, deseos, percepciones. Y en ese camino de renuncia vamos perdiendo la oportunidad de aprender a amarnos, a aceptarnos, a confiar, a ser nuestro propio y firme apoyo.
Dicen que una vez, le preguntaron a Miguel Ángel, el escultor renacentista, cómo podía imprimir tanto sentimiento en sus esculturas. Él contestó “yo sólo le quito a la piedra lo que le sobra, para que salga su esencia”. Qué hermoso ¿verdad? Usando esta anécdota como analogía, cada uno de nosotros debemos quitarnos la piedra que nos sobra para que salga nuestra esencia.
Esto explica bien claramente lo que significa cambiar. Seguro que habrás escuchado a personas que afirman que no se cambia, y a otras, que es posible cambiar. Vamos a analizarlo, porque ambas aseveraciones son ciertas. La esencia, la persona que somos, nuestros talentos y capacidades y la forma natural de encajar a la vida, no cambia. Afortunadamente, ya que si no seríamos completamente maleables, no tendríamos identidad.
Sin embargo, todo lo que aprendemos desde que venimos al mundo (que es lo que configura nuestra personalidad) está impregnado de las creencias de nuestra familia y de la sociedad en la que crecemos, de carencias y pérdidas antiguas, de debilidades que han sido de otros. Depende de cuánto haya de limitante en este conjunto de ideas y experiencias ajenas, nuestra concepción del mundo y de nosotros mismos nos será más favorable o menos. Si nos resulta desfavorable, nos frena nuestra valentía para correr tras los sueños y hacerlos realidad, nos obliga a traicionarnos a nosotros mismos, entonces, esta es la piedra que debemos quitarnos, esto es lo que sí puede cambiar. Afortunadamente, porque si no estaríamos condenados a perpetuar la vida de otros, sus decepciones y fracasos.
Si deseas mejorar tu vida y a ti mismo o a ti misma, dedica mucha energía y empeño en cambiarte a ti mismo o a ti misma, para que puedas ser verdaderamente quien eres, quita toda la piedra que te sobra, volarás más alto y más ligero. Ámate sincera y profundamente, porque el amor es lo único más fuerte que la tentación de negarnos a nosotros mismos.
Aprender a amarte profundamente es la lección que con más cariño has de tomar. Porque será este propio amor que desarrolles, el que llenará los vacíos interiores que te impulsan a las adicciones, tanto las físicas como las emocionales y que te convierten en un esclavo. Será este propio amor el que te impulsará suavemente o a lo grande, a confiar en ti, a creer en lo que sientes y a usarlo para crear una vida muy parecida a la que sueñas en tu yo más secreto. Será este propio amor el que te otorgará la valentía y el arrojo necesarios para abandonar tu zona de confort y atreverte a experimentar la vida con más plenitud, goce y aventura. El propio amor es el que te conducirá a la alegría, que es la sal de la tierra, sin la cual todo lo vivido es insípido y aburrido.
Cuando hayas aprendido a amarte auténticamente, serás libre para permitirte recibir lo que deseas. Sí, porque cuando deseamos algo y no llega es porque nosotros mismos lo estamos boicoteando al creer inconscientemente, que no somos dignos de recibirlo, que no nos lo merecemos. Y lo queremos, sí, y de verdad, pero también de verdad creemos que no es para nosotros. Es un gran error, porque no hemos de hacer nada especial para ser dignos y merecedores, solamente ser quienes somos y estar vivos, eso es suficiente. Aunque naturalmente hay muchas creencias que afirman lo contrario. Pero que lo afirmen no supone que sea verdad. Tú ya eres digno de lo mejor de lo mejor, porque estás vivo, existes y sientes. No eres lo que haces (que puede ser malo malísimo), sino que eres quien eres.
 Permitirnos recibir nuestros deseos, creer que somos dignos de una vida maravillosa (no exenta de retos y dificultades, sino llena de amor, de aventura, de goce) es lo que hace que ocurra el milagro: lo que sucede nos es favorable, gozamos fácilmente con lo que vivimos, sentimos alegría, energía, nos sentimos conectados. Poco a poco y en un flujo continuo, todo lo que queremos se va haciendo realidad, en función de nuestro nivel de permiso.
Si deseas mejorar tu vida, aprende a permitirte lo que deseas. ¿Sabes que con cada nuevo deseo se expande el universo? Es maravilloso que siempre haya deseos que cumplir, territorios que explorar, amarnos y amar todavía más.
La tercera cuestión que has de aprender para mejorar tu vida seriamente, es a imaginar. Utilizar esta capacidad extraordinaria de nuestra mente que es imaginar, para crear detalladamente lo que tú quieres y vas queriendo en cada momento. Y es extraordinaria esta habilidad porque nuestro subconsciente –que tiene como función protegernos del dolor emocional, evitando las situaciones, cosas o personas que cree que pueden provocárnoslo- no puede distinguir la realidad, de una representación de dicha realidad. Es decir, no sabe diferenciar entre una pizza, pongamos por caso, y una fotografía de esa pizza. Por eso, cuando imaginamos lo que deseamos y le ponemos color, sonido, olores, texturas, todo lo que sentiríamos si realmente estuviéramos viviendo esa situación deseada ahora mismo, el subconsciente cree que está pasando de verdad y conforme lo repetimos, se hace más y más evidente para él, que ya lo hemos vivido, de modo que es una experiencia segura, no hace falta evadirla ni rechazarla.
Si ya no hay peligro, no hay miedo ni temor y entonces nos sentimos seguros, confiados, tenemos certeza (o fe) de que eso es posible para nosotros, y es así como podemos transformar el deseo en realidad.
Si deseas mejorar tu vida auténticamente, trabaja con tu imaginación, repite hasta que sea para ti algo cercano, alcanzable, ese deseo, ese sueño que late en tu corazón.
De manera que si aprendes a amarte, a permitirte recibir y a imaginar con detalle lo que deseas, si practicas A.P.I. en pocos meses tu vida dará un giro de ciento ochenta grados, ¿quieres que así sea?, entonces ama, permite e imagina todos los días, con dedicación, con determinación y tu esencia aflorará, llenándote de amor y de goce.