viernes, 26 de julio de 2013

¿QUIERES CAMBIAR TUS IDEAS NEGATIVAS? ENTONCES CAMBIA LO QUE DICES


Dijo un sabio que somos lo que pensamos.
Es bien cierto, ya que el estilo de nuestros pensamientos es la pauta para interpretar todo lo que nos pasa en nuestra vida, de manera que aquello que pensamos, acaba haciéndose realidad.
No importa lo que nos ocurra, porque lo único que cuenta es cómo lo vivimos nosotros, cómo nos lo explicamos a nosotros mismos y a los demás.
Todos pensamos en un nivel consciente (sabemos lo que estamos pensando) y en un nivel inconsciente (estamos pensando pero ignoramos lo que estamos pensando), sin embargo, no es el nivel consciente el más poderoso. Esto es porque desde niños se han ido construyendo circuitos de pensamiento basados en lo que oíamos y en lo que nos decían personalmente.
En la infancia, una gran parte de todo lo que escuchamos son negaciones a lo que deseamos experimentar, probar, hacer. “No saltes, no subas, no bajes, no hables, no corras, no…” es lo que más oímos y estas frases van ocupando un gran espacio en nuestra joven mente. Se repiten innumerables veces (se han hecho estudios que afirman que después de cincuenta repeticiones, la mente de los niños comienza a aceptar lo que se dice como una verdad imbatible) y al cabo de un tiempo, ya es el propio niño quien se niega a sí mismo la posibilidad de probar, experimentar y hacer. Es cuando escuchamos decirle “no puedo”, “no sé”…
De manera, que tantas y tantas veces repetidas las negaciones, se convierten en muy potentes y dominan el estilo de nuestro pensamiento que se transforma en un estilo limitador de pensamiento, fijándose en lo peor que puede pasar, en lo que no tenemos o podemos, restándonos fuerza y libertad de elección.
Por otro lado, a nivel consciente, puesto que lo descrito más arriba es en un nivel inconsciente, la persona puede verbalizar muchísimas frases positivas, creyendo que son verdad para ella misma, pero si observamos los resultados de sus acciones en su mundo, podremos constatar que no son coherentes con esa positividad, sino que avalan que tras ellas está funcionando un estilo negativo que predomina y hace realidad las peores posibilidades.
¿Por qué sucede esto?
Porque nuestro cerebro que tiene dos hemisferios que trabajan de modo muy distinto (uno con palabras y el otro con imágenes) lo hacen con coherencia interna, que quiere decir que si dices “puedo hablar en público tranquilamente”, pero no te lo crees (es decir, emocionalmente sientes que no puedes), no vas a poder hacerlo.
Pensamiento y sentimiento tienen que ir de la mano, si no, siempre prevalece el sentimiento.
Por tanto, si queremos cambiar esas ideas negativas inconscientes que disminuyen en una gran medida, nuestra capacidad de elegir, de crear lo que vivimos, de ser mucho más felices, entonces tenemos que cambiar lo que decimos y tenemos que sentir lo que decimos.
¿Cómo hacerlo? Por un lado con afirmaciones y por otro con imágenes (visualizando).
Las afirmaciones son frases que expresan el pensamiento positivo.
El pensamiento positivo es un pensamiento que pensamos a propósito, porque queremos que se haga realidad.

Soy fuerte, soy valiente, soy capaz

Esta afirmación es como si tecleásemos en una computadora una orden que queremos que realice.
Cuando la mente escucha soy fuerte, soy valiente, soy capaz, pone en marcha el resultado. Busca todas las ocasiones en las que hemos sido fuertes, valientes y capaces y suma las emociones de fortaleza, valentía y capacidad y nos las envía a través de las conexiones nerviosas.
Así que nos sentimos fuertes, valientes y capaces.
De modo que sintiéndonos así, actuamos con valentía, fortaleza y capacidad.
Entonces cosechamos resultados que nos sirven para conseguir lo que queremos.
Y esto –el conseguirlo- a su vez es el feedback o retroalimentación que nos motiva y alienta de nuevo.
Este círculo o circuito, se llama beneficioso y naturalmente es el opuesto al círculo vicioso, que es el que nos mantiene atados al temor, nos paraliza y nos hace infelices.

Podemos elegir lo que pensamos.
Podemos elegir cómo nos sentimos.
Podemos escoger cómo actuamos.

El resultado, pues, depende de nosotros.
Sin embargo, si lo decimos (incluso miles de veces) pero no creemos verdaderamente lo que decimos (como si hubiera una segunda voz que critica, censura y desvaloriza lo que afirmamos), nunca funcionará.
Es por eso que hemos de añadir a decir, sentimiento. ¿Cómo ponemos sentimiento en una afirmación? Imaginando ocasiones en las que nos hayamos sentido así, buscando imágenes visuales, auditivas o de sensación, que nos provoquen ese sentimiento.
En la afirmación anterior(soy fuerte, soy valiente, soy capaz), si el mar te hace sentir así, piensa e imagina el mar, su color, la fragancia de la sal, los graznidos de las gaviotas, el tacto del agua sobre tu piel, del sol…mantén esas sensaciones mientras dices tu afirmación. Comprobarás cómo comienza a funcionar en ti. Busca y utiliza las imágenes que para ti son significativas.

Las afirmaciones han de trabajarse conscientemente.

Al principio, no funcionan.
Esto les encanta a las resistencias al cambio, porque así es más fácil que abandones tu propósito y sigas pensando cosas que te hunden en vez de cosas que hacen tener alas y volar.
Pero sólo es al principio.
Si perseveras, consigues aprender a conducir tu mente y tus emociones.

Te voy a dar algunos pasos para hacer con el trabajo de las afirmaciones:

·         Elige un área de tu vida que quieres que mejore
·         En una hoja o libreta, haz dos columnas.
·         En la de la izquierda escribe lo que va mal en esa área de tu vida.
·         En la parte derecha escribe las frases que deshacen ese maleficio verbal.
·         Escribe, lee, canta, grita, susurra…esas frases.
·         Hace falta un número alto para que realmente se integren en tu pensamiento, es diferente para cada persona y para cada aspecto, pero no tiene resultado si no la repites al menos, 500 veces.
·         Dedica 1 o 2 minutos al día a trabajar exclusivamente con tus frases.
·         El resto del día, aprovecha cualquier momento para repetirlas.
·         Anota cuando empiezas y ve anotando los cambios que percibes en ti y en cómo actúas en esa área que quieres mejorar.
·         Trabaja con la parte derecha de tu cerebro ayudando a la parte izquierda, así que IMAGINA esa frase en tu mente, como si fuera una película o una mini película. También destina 1 o 2 minutos al día. Busca recuerdos tuyos dónde te sientes tal y como afirma tu frase. Busca imágenes que te hagan sentir así.