lunes, 19 de marzo de 2012

EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS

Creo recordar que es el título de un libro, pero no quiero hablar de ese libro sino de la fuerza inmensa de las pequeñas acciones, tanto cuando se hacen como cuando no se hacen.
Creo que son de vital importancia porque dimensionan apropiadamente el tema de hacer.
Hacer viene después de ser.
Lo esencial es Ser, ser quienes somos, expresar al máximo este ser que somos, dejarnos influir lo mínimo posible por el exterior siendo fieles a lo que sentimos, renunciar a contentar a todo el mundo y afirmarnos en nuestros propios deseos y sentimientos.
Si dedicamos el tiempo y el esfuerzo necesario a Ser, este ser nos conduce a hacer, hacer aquello que es coherente con quienes somos y nos ayuda a expresarnos en el mundo.
Si hacemos en armonía con quienes somos, la consecuencia es que llegamos a la fase de tener.
Tener no en el sentido de acumular sino tener en el sentido de la materia: una casa, una biblioteca, una barca, un auto, ropa, música, etc.
Por tanto, la forma apropiada de movernos en el mundo es primero ser, luego hacer y como consecuencia, tener. En este proceso, las pequeñas cosas juegan un papel destacado. Todo necesita de tiempo y esfuerzo ya que nada, absolutamente nada, ocurre de forma instantánea (excepto en el pensamiento). 
Los pequeños actos, aquellas acciones que parecen tan insignificantes, son de hecho el camino que nos lleva a donde queremos llegar (o nos aleja irremisiblemente).
Por ejemplo, si quiero aprender gratis por Internet contenidos de calidad, tengo que durante muchos días, navegar, buscar personas que puedan ser de interés, suscribirme a sus sitios, leer lo que envían, y un cierto día, recibo una invitación a un Webinar, que resulta excelente y fructífero.
No podemos saltarnos los pequeños actos que nos conducen poco a poco a lo que nos interesa de verdad. Nadie llama a nuestra puerta con algo bueno si antes no hemos puesto el timbre ¿verdad?
Revisa cómo están tus pequeños actos: llamar a personas que queremos pero que están lejos de nuestra vida, renovar el pasaporte por si hemos de viajar de un día para otro, rellenar ese cuestionario pesado que nos puede facilitar la entrada a lo que queremos...
Lo discreto, lo obvio, pasa desapercibido pero no por que no sea importante sino porque no estamos mirando en la dirección apropiada.
Eduquemos nuestra mirada para que se transforme en acción porque sino, educación sin acción queda sólo como entretenimiento...