domingo, 26 de mayo de 2013

DOMINGO O LA INFLUENCIA DEL PASADO

Es muy curioso como la vivencia del domingo varía de una persona a otra.
Para algunos, es un día pesado, que ojalá no estuviera en la semana, el anticipo de volver a trabajar, reuniones familiares impuestas, sólo dormir el resacón del sábado, que siempre remueve recuerdos desagradables...
Para otros sin embargo, es uno de los días más felices de la semana, descanso pero haciendo algo que gusta, día de ricas comidas y buena compañía, dedicarse a uno mismo liberado de cargas sociales, día del tiempo perdido -es decir, día en que se puede recuperar tiempo-, planificar la semana con calma, hacer ejercicio, ir al campo...
¿Por qué las sensaciones son tan diferentes y opuestas?
Porque a vivir el domingo lo hemos aprendido en el seno de nuestra familia.


Si tomamos consciencia de todo lo que aprendido cuando éramos niños, nos influye de tal manera que no respondemos desde nosotros mismos (quienes somos, lo que queremos de verdad) sino desde lo aprendido, nos dan escalofríos.
Vivir y responder a la vida desde quien uno es, es tan importante como la vida misma, porque ser quienes somos es lo que nos permite darle el sentido a nuestra vida, el que nos colma, el que nos impulsa a seguir adelante, el que da fortaleza para derribar muros y solventar los avatares.
Si respondemos desde modelos -perfectamente lícitos- pero que no nos representan, estamos viviendo una falsa vida.
Una de las cuestiones de madurar -que no de hacerse viejo- es aprender a distinguir el grano de la paja. Lo que proviene de la familia (creencias, maneras de reaccionar, valores...) es bueno o no, pero no es su bondad lo que hemos de cuestionar -todos hacemos lo máximo que podemos, aunque sea un desastre- sino, si responde a nuestro ser verdadero.
Aquello que aunque de familia, no nos represente, y aunque sea muy bueno, debemos abandonarlo y buscar y encontrar una manera de responder que sea de verdad nuestra.


La autenticidad es uno de los retos que tenemos como personas. Sólo lo auténtico en nosotros nos produce calma, armonía, felicidad, amor, compasión...
Pero nos han adiestrado a copiar, a imitar, a seguir a otros, a callar lo que pensamos y sentimos, a pertenecer a algo o a alguien perdiéndonos a nosotros mismos. Porque así es fácil conducir al rebaño, así es sencillo manipular y parece que nadie se da cuenta.
Tú puedes decidir qué quieres o no incorporar a quien tú eres. Tienes todo el derecho, no te creas a nadie que te diga lo contrario.
Tus antepasados tuvieron su oportunidad y la usaron como mejor supieron. Tú también la tienes. Dice un sabio que los hijos venimos a superar a nuestros padres. Creo que es cierto. No porque ellos fueran menos, sino porque gracias a ellos, nosotros somos más