lunes, 14 de noviembre de 2011

LOS DUELOS

Cuando perdemos a alguien, a una situación, un objeto, un estado...estamos en duelo. Se llama así porque duele. Sentimos tristeza, rabia, abandono, miedo, dolor, pérdida, confusión...

El duelo tiene su propio sistema. Pasa por varias fases que se dan siempre, lo único que varía es su duración. Podemos quedarnos anclados en una de ellas y no salir de ahí. 

Podemos hacer ver que no estamos pasando el duelo y recuperar nuestra vida normal, pero es mentira. El duelo, como el sarampión o la gripe, hay que pasarlo, nos guste o no.

La mejor manera es aceptar que estamos de duelo y que eso implica algunas cosas desagradables, pero que pasarán. Este es el concepto clave: que pasará, que no es para siempre.

Realizar actos simbólicos ayuda mucho, puesto que nuestra mente derecha, que es la que procesa las emociones, responde a las acciones metafóricas. Quemar fotos, tirar recuerdos, enmarcar lujosamente fotos, dar relevancia a recuerdos, ir a lugares significativos y despedirnos allí y echar al suelo una flor blanca...

Asumir gradualmente que la pena y la rabia no es por lo que hemos vivido (con esa persona, en esa situación...) sino por lo que no llegaremos a vivir. Es por el futuro con su ausencia que nos lamentamos, esa es la pérdida mayor. Lo que ya no haremos.

Pero es mejor centrarse en que seguimos teniendo futuro. Sin esa persona o situación, es cierto, pero seguimos teniendo futuro.

Escribir una carta que nunca enviaremos, gritando la rabia, la injusticia, el dolor. luego quemarla y tirar las cenizas al inodoro.
Escribir un Diario para encontrar una voz (la nuestra) amiga.
Exigirnos gradualmente, volver a nuestra vida cotidiana.
Permitirnos llorar, estar tristes, tener mal humor...durante un tiempo. Después, darnos sólo algunos minutos para estas emociones negativas.

Acordarnos de que los Pensamientos, llevan a Sentimientos, éstos a Acciones y éstas a Resultados.
Por tanto Pensar Positivamente (que es un pensamiento voluntario, con un objetivo muy concreto) al respecto de lo perdido, de lo que queda. Por ejemplo, que el amor que sentimos no se pierde porque el objeto amado no esté más, ya que el amor es siempre nuestro. Es ese objeto amado que provoca nuestro amor en nosotros, pero el amor es nuestro, y siempre está con nosotros.

Tener paciencia con las fechas. Hasta que no hayamos cumplido el primer aniversario e todas las fechas significativas para nosotros, no habremos pasado el duelo. Por lo tanto, al menos, el duelo dura un año. Comprendernos a nosotros mismos y darnos opciones para acostumbrarnos a la nueva situación.

Todo pasa, y esto, también.