lunes, 11 de febrero de 2008

Tristezas y alegrías


Pues va a resultar que alegría y tristeza pueden ir juntas. Podemos estar tristes por algo y felices por otro. Esto a veces causa confusión porque parece que no pueda ser. Si estamos tristes lo estamos para todo ¿o no? Pues no. Las emociones tienen su propia lógica -años se tarda en comprenderla y más años aún en utilizarla- y ella permite que convivan emociones dispares y opuestas. Lo importante es darnos cuenta del motivo de la tristeza y de la alegría, o los motivos, porque a veces es un cúmulo de cosas lo que nos entristece o alegra. Una vez localizado el motivo principal, reflexionar sobre ello nos va a ayudar a liberarnos emocionalmente. Los sentimientos los sentimos porque estamos vivos y son nuestros, para gozarlos y entregarnos a ellos, pero no sólo existen para eso, sino también para que nos podamos conocer profundamente y ser más quienes somos y dejarnos abrazar por la vida en toda su magnitud.


Por ejemplo, al pensar sobre la frase si estamos tristes lo estamos para todo, ya nos damos cuenta de que sigue la ley del todo o nada, ley tan popular y tan falsa como la que más. En realidad todo o nada son conceptos que no pueden aplicarse frecuentemente y menos, en las emociones, tan cargadas de matices, de recuerdos, de contradicciones.


Saber por qué estoy triste y por qué estoy alegre me permite conocer como reacciono ante lo que me pasa, los matices que en el Ahora me están influyendo desde el Pasado, y elegir si quiero polarizarme en la alegría o en la tristeza, o si quiero sentirlas a ambas porque son mías, porque estoy viva o vivo, porque no me hacen daño.


Y este es otro elemento esencial: comprender que somos seres emocionales, preparados para vivir nuestras emociones. Es como si teniendo corazón se nos dijera que no puede bombear la sangre. Ninguna emoción nos hace daño, si nosotros no lo permitimos. Doler, duelen las emociones pero que duelan no quiere decir que dañen. Me acuerdo de aquella frase de un sabio oriental que dice el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. Qué razón tiene. Si siento el dolor que me causa una emoción, me duele. Si interpreto este dolor como algo dañino -es decir que yo no puedo sobrellevarlo- entonces, me daña. Esto es el sufrimiento, interpretar lo que nos duele como algo inevitable, confundir dolor con estropear-nos. Pero lo que nos estropea es la herida de cuchillo, o la caída por una escalera o un atropello de un coche. Eso sí puede dejarnos maltrechos para siempre ( cojos, ciegos, paralíticos...), pero el dolor emocional sólo nos deja para siempre mal si creemos que no podremos superarlo. El tiempo aquí juega una baza importante, a veces mientras duele queremos que deje de doler y al no ser así lo interpretamos como que no parará nunca. Pero para. Con el tiempo. Con nuestra voluntad imparable para sobrellevarlo. Hay cosas que pueden hacerse para ayudarnos a superar un dolor:



  • escribir

  • contactar con la naturaleza

  • llorar en un hombro amigo

  • dormir y descansar

  • hacer cosas que nos llenen de gozo -aunque sea por un ratito-

  • pintar o modelar

  • pasear y contemplar el paisaje

  • mirar las estrellas

  • hacer actos simbólicos que nos alivien